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Algunas veces lo único que deseamos es recibir y no pensamos en compartir y no precisamente hablo de bienes materiales, me refiero también en compartir tiempo, amor, entre otras cosas. Nos encerramos en un mundo donde no vemos las necesidades de las otras personas y solamente pensamos en las nuestras. Por eso quiero compartir el siguiente texto que ejemplifica lo mencionado previamente.

El cuerpo humano, con todos sus deseos intensos, es una expresión pura de lo que la Kabbalah llama “inteligencia reactiva”. Si no se supervisa, el cuerpo se convierte en un agujero negro, su propia atracción gravitatoria (también conocida como el deseo de recibir para sí mismo) se vuelve tan grande que succiona todo lo que está a su alrededor.

El alma, sin embargo, es la manifestación de la inteligencia proactiva de la Luz. Quiere estar en control, no bajo el control, de las circunstancias externas. Quiere probar la esencia espiritual de la vida.

Allí yace la mayor decisión en cada vida, decidir entre el cuerpo y el alma, entre el deseo reactivo y el deseo proactivo, entre la Luz y la oscuridad.

@yehudaberg_esp